Archivo personal de publicaciones sonoras (desde 2007) que abordan la vulnerabilidad humana desde distintas perspectivas, cuestionando las políticas de escucha y de silenciamiento.
«La tradición de los oprimidos nos enseña que el “estado de excepción” en que vivimos no es la excepción, sino la regla.»
Walter Benjamin
Sabemos que somos vulnerables por la posibilidad de la herida, tal como indica la propia etimología de la palabra (1). La vulnerabilidad no es una fricción ocasional entre la realidad y el ser, sino un hecho: somos vulnerables. Entre nosotros existen heridas abiertas y desgarros sociales que pueden adoptar la forma de crisis económicas, guerras, terrorismo o pandemias (2).
Escuchar aquello que no queremos oír implica atender a las diferencias y, de forma más precisa, a la alteridad. Escuchar al Otro supone acercarse al borde de nuestra propia existencia y de nuestra identidad. Escuchar al Otro es siempre volverse vulnerable.
Irónicamente, las diferencias que confrontan nuestras identidades generan un ruido que no podemos dejar de oír, aunque no queramos prestarle atención. Las políticas de la escucha son también políticas de la alteridad: participan en la construcción de la realidad social de cada individuo. La sordera ante la muerte, el suicidio, el terrorismo, la intimidad, el sexo o el capitalismo —en el tiempo del Antropoceno, del cambio climático y de las pandemias— forma parte de aquello que nos define.
El acto de escuchar profundiza en la anatomía de la escucha social y se acerca a temas que nos afectan de manera silenciosa. El proyecto utiliza la escucha como fuente y como proceso mediante grabaciones en las que se oyen nuestras voces y nuestros silencios, haciendo audibles las diferencias que nos separan como individuos y, al mismo tiempo, nos identifican como sociedad. Todo aquello que dejamos fuera del campo de la escucha, aunque permanezca dentro de lo audible, nos delata.
El silencio que se levanta entre nosotros y el lugar en el que decidimos situar la herida de la escucha nos vuelve vulnerables. En la escucha, el objeto de estudio somos siempre nosotros mismos: nuestras vulnerabilidades y nuestra vergüenza, mientras intentamos evitar el hecho de que estamos oyendo aquello que no queremos escuchar.
Escuchar trata, en esencia, de la vulnerabilidad en sus distintos grados y de las múltiples formas de violencia: física, psicológica, emocional, sexual, económica y muchas otras. En cada encuentro con el Otro existe una violencia que abre una herida; allí la vulnerabilidad se hace carne y adquiere forma en la escucha.
«El cuerpo implica mortalidad, vulnerabilidad y capacidad de acción: la piel y la carne nos exponen a la mirada de los demás, pero también al tacto y a la violencia.»
Judith Butler, Precarious Life